La chica

Capítulo 1                             La chica

Y de nuevo el wifi no iba bien. El consejo de estudiantes, que representaría a los alumnos durante los próximos nueve meses, había prometido solucionar el problema con la señal. Por eso les habían elegido. Hay gente que por sus hijos mata, otros por su hamburguesa con doble de queso y barbacoa; y otros por estar conectados a esa especie de red que nadie puede ver pero sabe que está ahí.

Aunque ella no se encontraba con fuerzas para misticismos. Se había perdido en aquella ciudad llena de viejos edificios y de muchos, demasiados semáforos. Todos en rojo. Por eso sudaba. Nunca le había gustado esperar y no estaba dispuesta a que aquella ciudad le ganara en su primer día. Aunque para no llevar ni veinticuatro horas no estaba del todo mal. No sentía nostalgia de lo viejo. Sentirse parte de un lugar no era para ella, lo que extrañamente hacía que pudiese sentirse parte de cualquier sitio con una facilidad asombrosa.

Salió de aquella facultad que olía a hormonas, colonia barata y grandes proyectos que jamás se cumplirían, y fue directa hacia el estanco. Solo había entrado en aquel edificio universitario porque no podía contener por más tiempo las ganas de ir al baño. Pensó que no merecía la pena consumir un refresco en un bar para que después de haberse “vaciado” de malas energías le entrasen ganas de volver a vaciarse dos calles más adelante.

No es que no fuese femenina, solo que no era mucho de arreglarse porque ella creía que no estaba rota. De hecho alguna vez había pensado en salir a la calle con una bolsa de basura y un mantel en la cabeza, por aquello de no lavarse el pelo. La ropa no era uno de sus problemas. Y es lo que ganaba cada mañana, que podía poner el despertador quince minutos más tarde que cualquiera de sus amigas y todavía le sobraba tiempo.

Entró en el estanco y compró tabaco de liar que era más barato. Y es que la mano de obra también se paga. Así que como casi nunca le apetecía hacerse un cigarrillo acababa dejando de fumar. Pero solo hasta el día siguiente que compraba una cajetilla normal, con sus veinte cigarrillos bien apilados y listos para ser fumados.

Ahora, resueltas sus necesidades, podía continuar con su viaje.

Laura González

LA GRAMÁTICA DEL HUECO

Se me cuela el texto indi-gerible en un trasnochar -indie- castrado a golpe de cumbia. Se me cuela el ojo plácito que palidece extenso en su comportamiento ártico (humano). Ojo que observo pragmático pues véase que –cuando acontece- se me hace un jirón el cosmos y de ahí prosigo.

 

Lo camino al raso.___________________________________________________.

 

Se     me   cuela   la   palabra,   la   gramática   del   hueco   (por así   decirlo).

Se me cuela un tensor ávido como si fuera resumen de pájaro movido. Se me cuela el órdago que posa la carta, que perpetúa en pluma deslizándose sin peso y que muta como leído.

 

Se me cuela la prolongación de los dedos._________________________________.

(Pernocta)_y de ahí su tacto.

 

Se me cuela el colmillo amable que agarra y que suelta para devenir olfato. (Lo codifico)

Se me cuela la altura del lomo, de su hendidura… por el lado de su cuello más grueso; como si contara algo muy delicado (Susurro). Se me cuela la vista estanca mientras hago copia de su mordida.

 

[…]

 

Míriam Vega

Aquí no queda nadie.

Han pasado las horas de las voces gritando mi nombre inventado.

¿Quiénes somos?

Desvanecidos en el instante último a los pies del callejón

como gotas que coagulan sobre el calor del asfalto

escupe el cielo garabatos naranjas.

La memoria es un cadáver desganado

devorado por rebaños de mariposas.

Existe un delirio turbio en las leyes de los espejos,

reptiles que arden veloces cosidos a su sombra.

La medida del tiempo se parece al parpadeo de un tubo fluorescente

a la gravedad de los rayos que abrillantan sueños en habitaciones negras.

Y en medio de ese vértigo que siega las gargantas,

sucede todo con el sentido de cambiar las cosas de sitio.

He venido a enterrarme los ojos

al lugar donde nacen los pliegues del polvo.

Alguien imaginó estos dedos

plantar destellos en la corteza fértil

de un secreto entre paréntesis.

Flores de plástico crecen a través de las uñas

esquivando el hueco deshidratado del ruido.

Detrás de la puerta

suena la tierra al chasquido

del principio y final del día.

Es una tarde cualquiera girando

bajo un desguace de carne enlatada

y alguien imagina estos dedos

que han venido a enterrarme los ojos.

 

Elena L.a

He soñado que José Andrés me dirigía una tesis de algo de microbiología pero que jamás podía llegar a su despacho porque de camino me paraba en todas las tiendas a comprar bobadas.
Fin.

 

Camino Caneja

El acantilado


Suicidios masivos de ratones en acantilados ingleses.


Películas de nefasta calidad, convirtiendo a payasos en estrellas de circo.

Payasos reales en paro.

Tipos muy mal educados en la cola del super, y cajeras tristes dispuestas a sonreír.

Pecados sometidos al juicio de los necios. Asesinos llamados héroes.

Caimanes comiendo palomitas de maíz mientras el cazador espera la noche del viernes.

Noches en vela pensando en abriles desesperadamente feroces.

Colegialas modernas mordiendo yugular.

Abrigos, amigos , disparos y sal.

Chicas de escaparate y estantería.

Madres valientes como reyes del medievo.

Hombres heridos, ofreciendo perdón.

Y otros que ansiamos mirada fugaz.

Cigarros, dobles cerraduras y mantas eléctricas.

Quizás los ratones salten, no buscando el final, tal vez lo hacen para no dejar huellas………( Los ratones también saben nadar)….

Nacho Álvarez

Capítulo Primero

 

Mientras se desenreda el pelo tras la ducha nocturna se mira en el espejo y piensa.

 

Clarins es bella, muy bella. Su melena rubia contrasta con el dorado de su piel. Acostumbra a pasear desnuda por la casa tras esa ducha nocturna que se ha convertido en rutina no forzada; los grandes ventanales de la casa no la disuaden, ni se lo plantea…. De todas formas no hay otra casa en 500 metros y los grandes árboles del jardín la protegen de cualquier curioso.

 

Lucas, el labrador que su padre le había regalado hacía ya ocho años, la sigue lentamente en su paso; del baño a la habitación, allí se perfuma… Un perfume fresco, suave… Jazmín; de ahí a la cocina, tranquila, sin prisa…. Abre la nevera y coge una botella de leche; la cierra con el antebrazo a la vez que consulta los mensajes del móvil; se acerca a la isla central donde lo deja y alcanza una galleta del bol de cristal; se agacha y se la da cariñosamente a Lucas. Le acaricia y le mira. Suspira. Vuelve a erguirse y continúa su paseo hacia el salón, el cual se encuentra separado de la cocina tan solo por un par de escalones tan largos como la estancia y que aún así lo convierten en la zona alta de la casa, asemejándose a un gran escenario; se dirige a la chimenea y comprueba que el fuego aún está vivo. Sigue hacia el gran ventanal con la idea de tomarse un buen trago de leche en las butacas que tiene dispuestas hacia el exterior …. Lucas ya no la sigue …aguarda sentado en la chimenea. Clarins se gira sorprendida; en su rutina Lucas la sigue hacia la butaca y se tumba a su lado mientras su dueña mira caer los copos de nieve, la lluvia o el sol…. Y hoy la nieve se acumula en las ramas de los árboles, cubriendo copiosamente todo el horizonte. Y allí esperan hasta que se escucha el portón de la entrada que avisa de la llegada de Sam.

 

-Hola!, dice Sam con energía mientras cierra la puerta. Posa las llaves en la consola de la entrada y de pie, mientras se quita la gabardina, mira las cartas y se dirige a Clarins .

 

-No sabes lo bien que estás aquí, la ciudad está colapsada por la nieve.

 

Las cartas no tiene nada interesante; una invitación a una recepción del embajador; otra invitación a la inauguración de la galería de arte de su hermana Maia; un acto del Colegio de Abogados, en el Club de golf…. Y un largo etc… El trabajo de Fiscal del Estado tiene un alto contenido social y su presencia siempre da un punto más de glamour en cualquier reunión de las altas esferas de la ciudad; Sam y Clarins dedican un par de noches de la semana a la visita, casi obligada, a este tipo de eventos. Ella los odia, pero o bien por su belleza o bien por su don de gentes y su eterna sonrisa, siempre se convierte en el centro de todas las miradas; incluso, muy a su pesar, de las portadas de las revistas más importantes del Estado. Titulares como “la joven pareja formada por el Fiscal del Estado y su esposa Clarins, salen a cenar con un grupo de amigos” o “ la bella esposa del Fiscal acude a su cita diaria en la ONG en la que colabora” o “ el Fiscal y su esposa deslumbran en la fiesta de cierre del año judicial”. Ambos se han acostumbrado a este interés mediático, saben que es parte del trabajo de Sam y como tal lo tratan; tan solo en la casa que se han construido a las afueras de la ciudad se sienten protegidos de tanta expectación. Sam había ordenado levantar un muro alrededor de los 6500 m2 de finca y plantar árboles para no permitir que ningún fotógrafo consiguiera captar imágenes suyas … Y hasta el momento lo había conseguido.

 

¿Cariño? -pregunta Sam mientras camina hacia el salón- ¿Lucas?

 

Entra en el salón. Al fondo, en el ventanal, en la gran butaca que le da la espalda, se intuye a Clarins . Lucas permanece sentado al lado de ella; mira a Sam y comienza a ladrar y a moverse nervioso.

 

Pero bueno, ¿qué pasa? – continúa hablando Sam mientras se acerca al ventanal – un día te voy a dar un buen susto por culpa de esos cascos –dice con desesperación. Clarins suele poner los cascos con música a todo volumen, algo que desespera a Sam cuando la llama a casa y no contesta; Incluso no era la primera vez que tenía que enviar a su guardaespaldas para comprobar que todo estaba en orden.

 

Lucas empieza a gemir con más inquietud a la vez que Sam se acerca; ya a la altura de la butaca, posa la mano sobre el cabecero y la gira suavemente.

 

Clarins, tienes que qui…. – el siguiente sonido será el producido por las rodillas de Sam al pegar contra el suelo, y los lloros de Lucas …

 

No, no, no,… –susurra Sam mientras acaricia el rostro y el pelo de Clarins, le coge las manos, se las besa, se acurruca en su regazo, y llora y llora… Y un grito sordo retumba en toda la casa.

 

 

Ronel.

(Continuará)

Duermo blanda y plácida al lado suyo,

Siempre buscando rincones donde escuchar bajito,

Más de eso que de Castilla y es él y cuando algún día intenta salir por amplios parajes,

No hay Sancho ni Dulcinea que le comprenda.

 

Buscador empedernido, se hace y renace cada día, dando vueltas y más vueltas al molino del que todos estamos hechos.

Hacedor de lo que siente, auténtico con su sombra que anuncia un ciclón de sentimientos por brotar.

Buscador de espacios propios y respetuoso con los de los otros, siempre vuelve a encender la luz de la mesita con una nueva idea, meticulosa, ordenada, pensada, observada y amiga de los animales.

Cuidador y protector, atento siempre a un cambio de luz por captar.

 

Entre sus rastillas al viento frío me perdí yo un día,

¡bendita locura que crea cordura!

 

Hoy sé que cada herida es de uno y quien la acepta la transforma y quien la transforma se redime dando vida a buena cosecha.

Hoy sé que un ángel se me iba dejándome a otro que se encargue.

¿Otra loca para este mundo de cuerdos?

 

Otra loca que retoza entre brotes,

manto de brotes de mil olores,

donde duermo,

blanda y plácida al lado suyo.

 

Ruth.