Capítulo Primero

 

Mientras se desenreda el pelo tras la ducha nocturna se mira en el espejo y piensa.

 

Clarins es bella, muy bella. Su melena rubia contrasta con el dorado de su piel. Acostumbra a pasear desnuda por la casa tras esa ducha nocturna que se ha convertido en rutina no forzada; los grandes ventanales de la casa no la disuaden, ni se lo plantea…. De todas formas no hay otra casa en 500 metros y los grandes árboles del jardín la protegen de cualquier curioso.

 

Lucas, el labrador que su padre le había regalado hacía ya ocho años, la sigue lentamente en su paso; del baño a la habitación, allí se perfuma… Un perfume fresco, suave… Jazmín; de ahí a la cocina, tranquila, sin prisa…. Abre la nevera y coge una botella de leche; la cierra con el antebrazo a la vez que consulta los mensajes del móvil; se acerca a la isla central donde lo deja y alcanza una galleta del bol de cristal; se agacha y se la da cariñosamente a Lucas. Le acaricia y le mira. Suspira. Vuelve a erguirse y continúa su paseo hacia el salón, el cual se encuentra separado de la cocina tan solo por un par de escalones tan largos como la estancia y que aún así lo convierten en la zona alta de la casa, asemejándose a un gran escenario; se dirige a la chimenea y comprueba que el fuego aún está vivo. Sigue hacia el gran ventanal con la idea de tomarse un buen trago de leche en las butacas que tiene dispuestas hacia el exterior …. Lucas ya no la sigue …aguarda sentado en la chimenea. Clarins se gira sorprendida; en su rutina Lucas la sigue hacia la butaca y se tumba a su lado mientras su dueña mira caer los copos de nieve, la lluvia o el sol…. Y hoy la nieve se acumula en las ramas de los árboles, cubriendo copiosamente todo el horizonte. Y allí esperan hasta que se escucha el portón de la entrada que avisa de la llegada de Sam.

 

-Hola!, dice Sam con energía mientras cierra la puerta. Posa las llaves en la consola de la entrada y de pie, mientras se quita la gabardina, mira las cartas y se dirige a Clarins .

 

-No sabes lo bien que estás aquí, la ciudad está colapsada por la nieve.

 

Las cartas no tiene nada interesante; una invitación a una recepción del embajador; otra invitación a la inauguración de la galería de arte de su hermana Maia; un acto del Colegio de Abogados, en el Club de golf…. Y un largo etc… El trabajo de Fiscal del Estado tiene un alto contenido social y su presencia siempre da un punto más de glamour en cualquier reunión de las altas esferas de la ciudad; Sam y Clarins dedican un par de noches de la semana a la visita, casi obligada, a este tipo de eventos. Ella los odia, pero o bien por su belleza o bien por su don de gentes y su eterna sonrisa, siempre se convierte en el centro de todas las miradas; incluso, muy a su pesar, de las portadas de las revistas más importantes del Estado. Titulares como “la joven pareja formada por el Fiscal del Estado y su esposa Clarins, salen a cenar con un grupo de amigos” o “ la bella esposa del Fiscal acude a su cita diaria en la ONG en la que colabora” o “ el Fiscal y su esposa deslumbran en la fiesta de cierre del año judicial”. Ambos se han acostumbrado a este interés mediático, saben que es parte del trabajo de Sam y como tal lo tratan; tan solo en la casa que se han construido a las afueras de la ciudad se sienten protegidos de tanta expectación. Sam había ordenado levantar un muro alrededor de los 6500 m2 de finca y plantar árboles para no permitir que ningún fotógrafo consiguiera captar imágenes suyas … Y hasta el momento lo había conseguido.

 

¿Cariño? -pregunta Sam mientras camina hacia el salón- ¿Lucas?

 

Entra en el salón. Al fondo, en el ventanal, en la gran butaca que le da la espalda, se intuye a Clarins . Lucas permanece sentado al lado de ella; mira a Sam y comienza a ladrar y a moverse nervioso.

 

Pero bueno, ¿qué pasa? – continúa hablando Sam mientras se acerca al ventanal – un día te voy a dar un buen susto por culpa de esos cascos –dice con desesperación. Clarins suele poner los cascos con música a todo volumen, algo que desespera a Sam cuando la llama a casa y no contesta; Incluso no era la primera vez que tenía que enviar a su guardaespaldas para comprobar que todo estaba en orden.

 

Lucas empieza a gemir con más inquietud a la vez que Sam se acerca; ya a la altura de la butaca, posa la mano sobre el cabecero y la gira suavemente.

 

Clarins, tienes que qui…. – el siguiente sonido será el producido por las rodillas de Sam al pegar contra el suelo, y los lloros de Lucas …

 

No, no, no,… –susurra Sam mientras acaricia el rostro y el pelo de Clarins, le coge las manos, se las besa, se acurruca en su regazo, y llora y llora… Y un grito sordo retumba en toda la casa.

 

 

Ronel.

(Continuará)

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